30 de agosto de 2016

El día H

"Hoy te escribo a ti, en realidad siempre te he escrito. No pretendo que seamos amigas, sólo espero que comprendas que no estás sola y que aquí siempre me encontrarás". 
Se van a cumplir 3 meses del día en que intenté cambiar mi vida, del día en que lucharía cara a cara contra una enferma crónica, del día en que sabría que es sentir pavor, del día en el que la esperanza entraba conmigo a un quirófano vasco, el día H.

Ese día fue 14 de junio. Tenía programada mi #histerectomía a las 8 de la mañana, por lo que tuve que levantarme especialmente pronto ya que debía viajar desde #Santander a #Bilbao El camino no es muy largo, pero para mi fue el más largo de todos.

Al llegar al Hospital de Cruces pasé por admisión y tuve que esperar turno en una sala repleta de enfermos esperando a ser llamados a #quirófano 

Al fin, dijeron mi nombre por megafonía y pasé tras una cortina en donde una auxiliar me rasuraría, embadurnaría de betadine y facilitaría unas medías blancas, todo para volver a esa sala de espera, a esperar.

No sé si esperé mucho tiempo pero me lo pareció. Tal vez serían las 9 de la mañana cuando el celador me llamó y me condujo, andando, hasta la entrada del quirófano. Allí me sentaron en una silla mientras terminaban de prepararlo todo y conocía al anestesista, los cirujanos y el resto de personal médico. 
"Sentada como quien hace fila en la peluquería, con mis nike y mi bata enseñando culo, esperaba mi destino".
Al fin entré, por mi propio pie y del brazo de una enfermera, al quirófano (una sala pequeña, antigua, en donde se notaba que habían pasando cientos de miles de mujeres) Me coloqué en una silla de partos, me ataron (muy fuerte) las piernas, luego los brazos, me pincharon, colocaron las vías y anestesiaron.

5 horas después despertaba en una sala repleta de camas, colocadas en circulo, en donde había hombres y mujeres intubados o no, auxiliares y enfermeras deambulando por allí hablando del nuevo cambio de loock de una de ellas. Yo no podía hablar. Esperaba a que alguna se acercara. 

Sentía un dolor muy fuerte en mi costado derecho, a la altura donde antes hubo un ovario, y mi pierna derecha estaba dormida desde la rodilla hasta el pie. Nadie le doy especial importancia.

No supe más hasta estar en planta y serían mis padres y marido quienes me contaran cómo había ido todo. 

Ninguna novedad, me habían extirpado el cuello del útero, el útero, ambas trompas y el ovario derecho. Habían logrado quitar todas la adherencias que, cual bola de chicle, estaban alojadas entre mi vejiga e intestino, conservando mi ovario izquierdo.
"La operación había sido un éxito. Habían erradicado por el momento la enfermedad. Ya no tenía #Endometriosis."
La primera noche no fue nada fácil. No me podía mover al no sentir en absoluto la pierna. Tenía una sonda que comenzaba a molestar, el gotero... me sentía muy rara con toda la droga que me administraron para el dolor. Pero las enfermeras eran ángeles que me cuidaban y mimaban mientras Mufasa roncaba en una silla rota fabricada antes de la posguerra.

La mañana siguiente quisieron levantarme pero me mareé. Casi me desmayo. Luché mucho hasta que lo logré. Seguía sin sentir la pierna. 

Cuando pasó a visitarme el ginecólogo/cirujano le comenté lo de mi pierna e indicó que seguramente sería consecuencia de la postura de quirófano (no le dio importancia). Me explicó, muy detalladamente, qué me había hecho, qué habían encontrado y cómo se me había roto una artería, la cual tuvo que coser, al extraer mi ovario derecho.

El día 16 me dieron el alta, tras revisión de los neurólogos por lo de mi pierna. Me pautaron reposo relativo durante 1 mes.

El viaje de regreso a Santander, con los puntos, los dolores y sin poder moverme bien fue un infierno. Tuvimos que parar por el camino porque no soportaba el dolor. Es uno de los peores recuerdos de aquellos días junto con tener que pincharme la tripa.

Pero desde entonces hasta ahora han pasado muchas cosas. 

Por la pierna: He tenido que ir al servicio de urgencias para descartar un trombo y someterme a una prueba, pautada por los neurólogos, para comprobar que el sistema nervioso no había sido dañado en la operación.

Por la operación: He tenido que ir al servicio de urgencias porque sufrí una infección interna, ya que se depositó sangre en las cicatrices de la cúpula de la vagina. Por fortuna se curó con antibióticos orales evitando así tener que permanecer ingresada.

Hoy no estoy bien. Tengo dolores pélvicos, dolores al orinar, dolores en el conducto urinario, algún que otro sofoco, dolores en la nalga derecha, en la parte baja de la espalda.... podría enumera todo lo que me duele, aunque acabaría antes diciendo lo que no. 

Las ginecólogas que me vieron el mes pasado me dijeron que aun era pronto para valorar, pues me he sometido a una cirugía mayor que tiene un proceso de curación interno diferente en cada mujer, en cada paciente.

El médico de cabecera directamente no sabe por dónde le pega el aire.

Yo he buscado una buena fisioterapeuta del suelo pélvico pues estoy muy leía y sé que si quiero que estos dolores mejoren y no sean crónicos (cosa que tal vez ya sean) debo ocuparme yo misma. Pese a todo tengo miedo y aun no he dado el paso.

La decisión de someterme a ésta cirugía fue pensada, sopesada y la tome muy decidida. Hoy por hoy no me arrepiento y volvería a dejar que me quitaran el útero sin pensarlo.

En la actualidad no estoy tomando ningún tratamiento hormonal pues así lo hemos acordado mis ginecólogos y yo. 

He vuelto a ser yo. Con mi carácter norteño a tope, mis ataques de risa (esos que me ahogan y hacen llorar de alegría), he vuelto a jugar con mi hijo, a disfrutar de mi sobrino, he vuelto a cantar porque sí, a estar feliz de la noche a la mañana.... 
"Vivir sin hormonas es una bendición".
No obstante no bajo la guardia sobre todo ahora que los dolores vuelven a estar presentes a diario. 



8 de agosto de 2016

Fotocopia de mamá

Es cierto que los niños pequeños son esponjas y que copian conductas del resto de seres que los rodean, sean humanos o no.

Cachorro ha sido un bebé despierto, con 15 meses hablaba perfectamente y comenzó a caminar a los 10. Copiaba todo lo que hacíamos y se nos caía la baba admirándole. ¿Os suena? Los padres somos todos iguales.

La imitación continua hoy en día. Pobre de mi como se me ocurra decir que no quiero comer más, que encuentro la comida salada... él dejará de comer también, aunque le esté gustando. 

Pero con ésto ¿a dónde quiero llegar? 

Cachorro ya es un niño mayor, 6 años son muchos años,  ya no queda nada de mi bebé aunque sigo sorprendiéndome y aprendiendo de él.  

Cada vez despunta más su propia personalidad y se separa de mi. Pese a todo, sigue siendo una fotocopia de mamá. Y no me refiero a que nuestro color o número favoritos sean los mismos, o a que nos guste la misma comida, películas o música. No, aunque también.

Cachorro es igual de sensible que yo. Ambos lloramos ante escenas tristes, ya sean en la vida real o a través de una pantalla. Nos emocionamos al oír nuestra canción favorita o se nos ponen los pelos de punta viendo una obra de teatro.

Ambos somos muy imaginativos y tenemos ese punto de locura simpática. Qué niño no...

El miedo a la oscuridad, a monstruos en la noche o a que se plante un zombie en nuestra habitación y nos chupe el cerebro es algo repetitivo en la infancia de los dos. (valeee ésto está cogido con pinzas, pues son temores propios o típicos de la edad, pero ya que a su padre no le pasaba -es el valiente de la familia- y a mi sí... me lo apunto; además yo sigo corriendo por el pasillo en mitad de la noche para ir al baño)

Bailar mientras nadie nos ve. Mirarnos en el espejo y mantener conversaciones eternas. Inventarnos canciones. El sonido de nuestra risa. El gusto por estar acompañados. Dormir agarrando las sábanas...... ¿Aprendido o innato? no lo sé. 

Lo que sí sé es que mi pequeñajo se parece una barbaridad a mi y eso me hace inmensamente feliz pues, a fin de cuentas, yo no estoy tan mal ¿no?


Y vuestros hijos ¿a quién creéis que se parecen?


2 de agosto de 2016

Vivir sin útero

Muchos dicen que la maternidad es un regalo de la Naturaleza. Otros tantos piensan que es algo fácil de conseguir, que quien no tiene hijos es porque no quiere

La mayoría de los mortales opinan que el útero no es más que la caja donde se gesta ese regalo y que, una vez abiertos todos los regalos, no sirve para nada.

Hace 6 años que abrí el regalo que la Naturaleza me hizo. Ese regalo fácil de conseguir. Ese regalo que me correspondía como mujer. Ese regalo que se gestó en esa caja blindada guardada en mis entrañas. 

Pero quise más regalos. Avariciosa me llamaron y la Naturaleza les creyó. 


Tras dos largos años bailándole a la luna no entendía por qué mi caja no albergaba ningún nuevo regalo. Tal vez el blindaje se había reforzado tras abrir el primero.

Llena de dudas busqué y busqué. Estaba claro que la Naturaleza se había enfadado y me había castigado con una Endometriosis Profunda y con la Infertilidad Secundaria.

"Ya no habrá más regalos para mi"

Muchos meses pasaron hasta que alguien oyó mis sollozos en la oscuridad, me tendió su mano y ayudó a escapar de mi castigo.

Mi salvador me quitó el útero, esa caja blindada que estaba cargada de dolor, enfermedad y tristeza. Me quitó las trompas, esos instrumentos que ahora eran sangrientos e inútiles. Me quitó un ovario y me devolvió la sonrisa.

La Naturaleza no ha terminado de levantarme su castigo, pues la avaricia es un pecado capital y ella sabe que las normas se deben cumplir siempre, aunque te hagan ojitos. Así que ya no habrá más regalos para mi y aunque ella me ha hecho sufrir mucho me estoy recomponiendo y preparando para seguir luchando porque vivir sin útero es algo más que dejar de recibir regalos.





Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...