7 de octubre de 2014

El precio del saber

Hoy despertaba leyendo éste post de La Gallina Pintadita y me he sentido tan identificada que he creído debía compartirlo con todos vosotros.

En mi caso llevamos así algo más de un mes, que se dice pronto, justo con la llegada de la vuelta al cole. 

Ayer mismo acudí al pediatra, pues me comenzaba a preocupar el hecho de que Cachorro no comiera nada en todo el día -sé que esta afirmación suena exagerada pero creedme, no es así, una cucharada de lentejas para todo un día de actividad, a mi no me parece suficiente- Tras pesarlo y ver que había engordado, algo más de un kilo desde el mes de julio, le hizo pensar que está bien nutrido y que tal vez, su inapetencia, sólo tenga que ver con el colegio. No porque no quiera ir, que va feliz, si no porque le causa mucho nerviosismo y tensión. La pediatra puso un ejemplo claro: "hay adultos que ante temas que les preocupan comen impulsivamente y otros que dejan de comer porque se les hace un nudo en el estómago, pues los niños igual".

Si lo pensamos detenidamente tiene mucha lógica y me parece una valoración excelente, no obstante, para no descartar nada, debemos tomar nota de todo lo que come durante una semana y el próximo lunes volver a consulta para valorar.

Es gracioso, desde que hemos ido al médico, Cachorro, está comiendo normalmente. No sé si será que se le está pasando el nerviosismo por la vuelta al colegio o que la visita al médico le ha hecho que se le active el apetito. Lo que si es cierto es que el desayuno cuesta mucho. Y toda la culpa es mía, según me dejó ver la pediatra, pues en verano le he dejado desayunar a su ritmo, a la hora que le apeteciera y sin presión alguna. Ahora pago las consecuencias, pero... todo se puede recuperar con trabajo y esfuerzo, como todo en la vida.

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Tal vez lo que más comparta con La Gallina Pintadita es ese sentimiento de agotamiento y de culpa, sentir que lo estoy haciendo mal por perder la paciencia, por exigir con cara de perro. Y es que Cachorro no me lo pone nada fácil, ultimamente. Mandarle hacer algo es casi misión imposible, no te escucha. La obedencia es un adjetivo que quedó en el olvido y, me crispo. 

Había pensado que mi mal humor, de éstos días, para con él, se debía a que la Endometriosis me tiene chamuscado el disco duro, pero leyendo a otras madres que están pasando por esta bonita etapa, me hace pensar que la vuelta al cole pasa factura a todos.

Vosotros ¿habéis experimentado algún cambio notable, en vuestros hijos, desde que empezara el colegio?

6 de octubre de 2014

Batallas perdidas

Es curioso cómo, los padres, nos empeñamos en hacer según qué cosas con nuestros hijos, esperando que ellos disfruten. Desde apuntarlos a nuestro deporte favorito a comprarles libros cuyas historias les aburren soberanamente pero que a ti te parecen de lo más divertidas.

En mi caso, me he empeñado en que a Cachorro le guste ir al cine. No sé muy bien por qué, pues al niño las películas nunca le han llamada la atención, nunca te pide ver la televisión y muchísimo menos que le pongas una película. Pues aun con todo, sigo insistiendo y tirando el dinero en el cine.

Lo he llevado 3 o 4 veces a que disfrute descubra la magia de estar viendo una película en pantalla gigante con palomitas, refresco de cola y una madre entusiasmada a su lado. También lo he intentado yendo acompañados por un amigo, pero... ni por esas. Él lo intenta, diré, pero es superior a sus fuerzas, da igual qué película sea, a la media hora nos vamos del cine.

He llegado a pensar que el motivo principal de la huida de Cachorro es la película en sí, pues ni Aviones, ni La Lego Película, ni Río 2, ni Cómo entrenar a mi Dragón 2 (con lo que a mi me estaba gustando) fueron de su agrado. Él me pide ir a ver Los Guardianes de la Galaxia, Capitán América y cosas así. Obviamente me niego, y no porque crea que no le van a gustar, que imagino que la aguantara completamente, sino porque no están recomendadas para menores de 12 años, así que... lo lleva claro.
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Mientras escribo pienso lo tozuda que soy, rozando la pesadez supina, y me prometo a mi misma no volver a llevarlo al cine hasta que tenga, como mínimo 10 años y sea él quien me lo pida expresamente. Pero, para qué auto engañarse, estoy segura que cuando proyecten una nueva película que me parezca interesante, volveré a caer, volveré a enseñarle el trailler, me volverá a decir que le gusta, que sí quiere ir a verla y a la media hora nos escabulliremos de la sala y volveré a meditar y confirmar que soy idiota.

Hasta que llegue este nuevo día seguiré viviendo con la ilusión de que he superado mi obsesión y respeto a mi niño.

Vosotros ¿qué batalla tenéis perdida?




2 de octubre de 2014

perros, perras y perrerias

No miento si digo que por naturaleza son arisca, borde e incluso en más de una ocasión la típica imbécil de la vida. Sí esta soy yo. No siento vergüenza al decirlo, soy norteña y el carácter, fuerte o malo, según se mire, está inscrito en mi A.D.N. y no debo por qué renegar de lo que soy. 

Puesto que soy como soy, no puedo evitar enervarme más de la cuenta, llegando a enfadarme de lo lindo con un sinfín de cosas y circunstancias. Por ejemplo, las injusticias en el mundo me ponen enferma, y no me lo pienso dos veces si tengo que partirme la cara en el 2.0 por alguien que me parece está sufriendo abusos de la lista de turno. Así, que si esto es el mi vida virtual ...

Creo que soy sincera a la hora de hablar y opinar, tal vez a veces peque de opacidad, pero tampoco quiero que me partan la cara cada dos por tres -un ejemplo sería mi post del otro día en que criticaba a alguien sin dejar entrever de quién se trataba, aunque quien me conoce sabe que este desamor nació hace años con los primeros premios madresféricos- pero es fácil tirarme de la lengua, así que eso creo que suma puntos a mi favor.

Por todo esto creo que si un día cualquiera voy paseando por la calle con mi perro, de 3 meses, monísimo, achuchable, y que a todo el mundo le provoca un sentimiento de dulzura y de querer tocarlo, no es raro que te gruña si, por ejemplo, estoy regañando a mi hijo de 4 años por x y en mitad de la regañina tu te metes en medio, sin conocernos de nada, y me insinúes que me calle para que te atienda.

Tampoco creo que sea para que me encierren si cruzo a la carrera una calle y de pronto noto que mi perro tiene el super poder de volar porque una señora loca lo ha cargado en brazos y me dice, mientras la miro con cara de asombro, que estoy sobre alimentando al perro pues no hay quien lo coja en brazos y te suelto "a santo de qué coje usted en brazos a mi perro sin permiso".

Ahora que igual soy yo, que no me doy cuenta de lo estúpida que soy, y te mando a la mierda cuando me dices que mi perro es un cruce de Boxer y Carlino, que se nota por el color, mientras te estoy contando que es un Bulldog Francés con Pedigree.

Tal vez he perdido la poca o ninguna paciencia que habitaba en mi interior, pero lo peor de todo es que me da igual, paso de lo que tu pienses de mi, pues ni me conoces ni pretendes, pues yo no te juzgo a ti, pues bastante tengo con preocuparme de mi vida.

De mi hijo ni te consiento opinar, te degüello al primer segundo, ya me acostumbraré a sacar el puñal para los abusos de los humanos zoquetes hacia el perro y hacia mis oídos.



1 de octubre de 2014

Leones deportistas

En la Sabana hay gran oferta deportiva para toda la familia y estoy segura de que muchas manadas se benefician de ella en familia y de manera individual. Sin embargo, ésta Manada no es una de ellas.

En otro tiempo, Mufasa practicó Rugby, justo hasta el momento en el que nació Cachorro, ya que en la pretemporada se rompió el Tendón de Aquiles y con ello dejó su deporte de cuna por siempre jamás. 

La Leona, vaga por imperativo natural, de jovenzuela practicó Balón-Mano -una breve temporada en benjamines-, Gimnasia Rítmica -durante dos años- Atletismo -tres años- y de adolescente macizorra estuvo apuntada, en varias ocasiones, a Aeróbic -también estuvo apuntada un año completo a la piscina sin llegar a pisar las instalaciones-, con éste palmares no logró que ninguno de éstos deportes le engancharan hasta el punto de amarlos.

Y con ésta familideportiva llegó Cachorro al mundo.
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